Acabo de levantarme de mi pequeña muerte. Desde que tengo uso de razón me ha cautivado la forma en volvemos a vivir después de nuestro letargo nocturno.

Quedaba bien reflejado en "Alien", al comienzo de la película. Los tripulantes de la Nostromo se despertaban de su sueño sideral. Después de haber muerto durante un montón meses. ¿Resucitaban igual que cuando murieron? ¿Eran las mismas personas? ¿Eran más viejos? Se supone que dormían para evitar su deterioro físico y psicológico. No tiene sentido que durmieran para despertar como si no hubiera pasado el tiempo, pues entonces al llegar a su destino todos sus congéneres habrían muerto... sin poder resucitar.

Me despierto sin ganas de hacer nada. Me he acostumbrado a la taza de café. Ayer fui con Jimmy a tomar algo a mediodía. Estábamos hablando sobre el copyright. Me comentó cómo el conservatorio de música permitía y aconsejaba fotocopiar las partituras para las pruebas, porque nadie iba a comprar un libro para tocar la pieza una vez.

Creo que hay leyes internacionales que vigilan y castigan los delitos de la propiedad intelectual. Jimmy comparó entonces la situación de la justicia global con la del copyright. Se trataba de una comparación muy interesante. ¿Cómo era posible que no existiese un tribunal penal internacional y sin embargo sí sufriéramos el acecho de las compañías que gestionan los derechos a nivel mundial? Estaba claro que hay que globalizar el comercio pero no la justicia, porque la injusticia es también parte del funcionamiento lucrativo del comercio.

Ahora está lloviendo. He leído la prensa y según un informe de la OCDE, la brecha digital en España sigue aumentando respecto al resto de Europa. La sociedad de la información y el conocimiento que tanto cacarean los líderes políticos empalidece con la realidad de los precios y las prestaciones de las redes españolas. Además, tenemos que aguantar la mordida de la SGAE, que, como la mafia, tiene que cobrar su parte por protegernos de los delincuentes. ´

Me encantaría hacer (¿estás ahí, aturdido?) un documental sobre el copyright. Emplearía para ello el estilo de diferentes géneros; aquello que en la tesis denominaba operaciones con géneros. Escribiría una escena de cine negro en la que una mujer fatal, llamada SGAE, condujera al inevitable abismo al protagonista.